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Una de las
vecinas,
Cecilia,
comenta: “hace
un tiempo venían
juntándose
grupos de
personas en
asambleas y se
movilizaban por
mejoras en el
barrio, como por
ejemplo el
sistema de
aguas, que es
propio del
lugar”. Dichas
mejoras nunca
llegaron hasta
que
“despertamos-
como remarca
Claudia, otra de
las vecinas-y
decidimos tomar
nuestras propias
decisiones”.
Desde entonces,
se lograron
mejoras en la
provisión de
aguas y en el
tratado de
desechos
cloacales.
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Un
tema de suma importancia
para este grupo de
personas era la puesta
en punto de la sala de
primeros auxilios
ubicada próxima a la
calle Charcas. Fue así
que se decidió
recuperarla y poner fin
a “10 años de
funcionamiento en forma
de clínica privada por
parte de una señora que
se metió y comenzó a
lucrar con la salud del
barrio”, señala
Alejandro, residente del
barrio. Luego agregará:
“La salita estaba en
estado de abandono. Las
paredes estaban llenas
de humedad, había
medicamentos vencidos,
que eran para entregar
en forma gratuita, los
vidrios estaban sucios y
pintados de verde.
También funcionaba como
gimnasio y el garage lo
usaba un hombre para
guardar su auto, en
lugar de una ambulancia
como debería ser”. Dicha
toma se produjo el 4 de
julio cuando un grupo
de 70 vecinos
“invitaron” a la señora
a retirarse. Ese mismo
día se conmemora el día
del médico rural, en
homenaje a Esteban
Laureano Maradona,
motivo por el cual
rebautizaron al
establecimiento con
dicho nombre. Desde
aquel día se pusieron a
trabajar en el edificio,
al mismo tiempo que
intentaban que el
municipio se haga eco
del accionar de los
vecinos y ayude con
subsidios. Desde ese 4
de julio hasta el 11 de
agosto no recibieron
ningún comunicado del
municipio, sólo una
orden de desalojo que
pedía la restitución del
antiguo administrador
del barrio y de la mujer
que usufructuaba la
salita. “A pesar de que
esa orden sigue vigente
se logro detenerla”,
remarca Alejandro. Casi
al unísono recibieron la
primera comunicación por
parte de la secretaría
de salud, en donde se
comprometían a reunirse,
el miércoles 26 de
agosto, con
representantes de la
coordinadora que
actualmente está a cargo
de la administración.
Finalmente, llego el día
y se reunieron. “se
comprometieron a
ayudarnos con aportes
para solventar los
gastos de los
profesionales y de los
insumos, pero recién
cuando se destrabe el
tema de la legitimación
de la administración”,
comenta Cecilia.
Mientras esperan
respuestas en el
trascurso de la semana
los vecinos no bajan los
brazos y siguen
trabajando en la
remodelación de la sala.
En este momento se
encuentran pintando el
interior y la fachada.
La pintura fue comprada
con lo recaudado en una
rifa y el aporte de los
mismos habitantes.
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