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Las
salideras
bancarias,
luego
del caso
de
Carolina
Piparo
en La
Plata,
cobraron
notoriedad
pública.
El combo
embarazada
más
empleada
estatal
resultó
rentable
y las
noticias
referidas
a su
situación
lo
convirtieron
en un
drama
por
cadena
nacional.
No hizo
falta
demasiado
para que
las
salideras
se
multiplicaran
por
convulsión
espontánea.
En el
círculo
vicioso
del
policial,
las
salideras
bancarias
pican en
punta en
la
temporada
invernal.
No hay
editor
que se
resista
a la
siempre
efectiva
sensación
de
inseguridad,
y a los
robos
bancarios
se
agregaron
los
asesinatos
de los
“guardianes
del
orden”.
El
imaginario
social
ha
reforzado
la ya
instalado
inseguridad.
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Titula
una nota
de
opinión
la
edición
dominical
(22/08)
de
Clarín:”
Para
empeorar
la
inseguridad,
lo mejor
es
insistir
en
negarla”.
Esa
misma
nota
concluye:
“¿Y en
el
futuro
inmediato?
Después
de la
semana
que
pasamos,
acribillada
por la
ferocidad
del
delito,
lo más
legítimo
resulta
apenas
desear:
ojalá
que no”.
Acribillar,
asesinar,
a sangre
fría,
secuestros
etc. por
un lado.
A esto
agreguemos
jubilados,
embarazadas,
countries,
empresarios,
policías,
“gente
de
bien”.
En el
medio,
marginalidad,
villas
miserias,
pibes
chorros,
juventud,
ilegalidad.
Toda
esta
mezcolanza
construye
día a
día, sin
tapujos
ni
disimulo,
la
noticia
y la
agenda
periodística
de la
que
“hablara
el
país”,
lo que
“el
pueblo
quiere
saber”.
¿A qué
se debe
la
selección
de este
tipo de
acontecimientos
para
convertirlas
en
noticia?
Nadie
sabe la
respuesta
a
ciencia
cierta,
pero que
los
policiales
producen
ganancia
y
posicionan
políticos
nadie
puede
negarlo.
O sino
¿cómo
puede
entenderse
el 34,5
por
ciento
de los
votos
obtenidos
por el
empresario
Francisco
De
Narváez
el año
pasado y
su tan
difundido
mapa de
la
inseguridad?
Mientras
tanto
Infobae
titula
en su
edición
de
domingo
(22/08):
“Por
miedo a
salideras,
contratan
custodios
para
retirar
dinero”.
La
vigilancia
privada
se ha
convertido
en un
negocio
redituable
en los
últimos
años,
siendo
varias
de las
empresas
del
sector
propiedad
de ex
policías
o
militares,
de los
cuales
en
innumerables
casos
fueron
apartados
de las
fuerzas
del
orden
por
abuso de
autoridad.
Un
personaje
singular
en este
ambiente
es el
ex
sargento
de la
Policía
Bonaerense,
Hugo
Alberto
Cáceres,
quien
fue
condenado
a 22
años de
prisión
por el
fusilamiento
de un
adolescente
en 2004
y era
considerado
el jefe
del
primer
Escuadrón
de la
Muerte
que
funcionó
en
democracia
en el
Gran
Buenos
Aires.
Desde
junio
sin
sentencia
firme
está en
libertad;
la
sensación
de
inseguridad
no
incluye
a casos
como el
suyo.
Según
una
estadística
de la
Procuración
de la
Suprema
Corte de
Justicia
Bonaerense,
dada a
conocer
por el
Ministerio
de
Justicia
y
Seguridad
provincial
en el
primer
semestre
del 2010
la
delincuencia
bajo un
3%. Se
calcula
que hubo
un total
de
101.114
robos,
con un
promedio
de 558
por día.
Resulta
interesante
notar
que la
jerarquización
que se
da a los
delitos
nunca es
aleatoria.
Siempre
responde
a
intereses
políticos,
institucionales
o
lógicas
de
mercado,
en los
que los
medios
no están
fuera, y
forma
opinión
o genera
un
impacto
emocional.
No es de
extrañar
que, en
momentos
en los
que se
define
el
panorama
electoral
para el
año
próximo
la
provincia
de
Buenos
Aires
sea el
territorio
de mayor
incidencia
de
delitos,
asesinatos,
violaciones,
etc. Con
15,3
millones
de
habitantes,
es el
distrito
que
define
las
elecciones
y por el
que se
disputan
las
principales
fuerzas
políticas.
En esa
cantidad
de
habitantes
genera
mayor
impacto,
impone
mayor
miedo y
gravedad
a su
vida
diaria
los
delitos
que
suceden
a la
vuelta
de su
casa, a
un
vecino,
pero no
moviliza
la
desaparición
de
personas
en
democracia.
No son
noticiables
un
jubilado
y un
joven
pobre
desaparecidos.
Julio
López
lleva
casi
cuatro
años
desaparecido,
Luciano
Arruga
un año y
medio.
Cristian
Villalba
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