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Cromañon
nos paso a todos
“A siete años de
la Masacre de
Cromañón, con el
entramado de
complicidades
revelado por el
Juicio Oral, y
sin ningún
responsable
preso, es
nuestro deber
convocar a todos
y a todas a
marchar, a
movilizarnos con
el cuerpo, la
cabeza y el
corazón... Pero
hay que aclarar
que lo
importante no es
el marchar en
sí; lo
importante es
que al marchar,
al movilizarnos,
le estamos
diciendo al
mundo: ‘Nosotros
y nosotras
sentimos un odio
intransigente a
la injusticia
humana’.” Por
Santiago Joaquín
Morales,
sobreviviente de
Cromañón.

La juventud
tiene que crear;
no, morir
Por Santiago
Joaquín Morales,
21 años,
sobreviviente de
Cromañón.
Hermano de
Martín,
sobreviviente
también, y de
Sofía, asesinada
en Cromañón
"Cómo voy a
creer, dijo el
fulano, que el
mundo se quedó
sin utopías;
cómo voy a creer
que la esperanza
es un olvido
(...) aunque lo
sea", escribía
Benedetti. Son
momentos
difíciles para
los familiares y
amigos de las
víctimas de
Cromañón, y, así
y todo, las
palabras de
Mario parecieran
salir de
nuestras
voces... Vivimos
en tiempos en
los que quieren
hacernos creer
que se nos ha
muerto la
esperanza, o que
la utopía se
redujo a una
mera curita para
una herida que
no cesa de
sangrar. Cierto
es que se ha
podido leer hace
algunos años en
paredes de
Montevideo
frases como “la
esperanza es lo
último que se
perdió”. Sin
embargo, tales
afirmaciones
deben ser
consideradas
como simples
provocaciones de
necios
conservadores
bravucones.
A nosotros y
nosotras no se
nos ha muerto la
esperanza, a
pesar de que nos
han enterrado un
puñal en las
entrañas. Y nos
lo han clavado
hombres y
mujeres de este
mundo.
En este sentido,
es necesario
diferenciar
entre el
profundo dolor
por la muerte de
un ser querido
como
consecuencia de
una enfermedad
terminal
accidental y
fortuita, y
aquel profundo y
desgarrador
dolor por la
muerte de un ser
querido que ha
sido generada
por el accionar
de indudables
seres humanos
que en la
organización de
nuestra sociedad
cumplen ciertas
funciones que
producen la
muerte y la
recrean
permanentemente:
me refiero,
puntualmente en
el caso de
Cromagnón, a las
prácticas de los
empresarios de
la noche y de
las bandas que
funcionan como
empresas (que
perseguían y
persiguen el
objetivo de
maximizar su
ganancia
eonómica a costa
de la seguridad
de sus
clientes), a las
prácticas de la
policía y los
bomberos
cómplices y
corruptos, de
los funcionarios
de gobierno que
funcionan para
garantizar la
injusticia y
favorecer la
acumulación de
dinero.
A siete años de
la Masacre de
Cromagnón, con
el entramado de
complicidades
revelado por el
Juicio Oral, y
sin ningún
responsable
preso, es
nuestro deber
convocar a todos
y a todas a
marchar, a
movilizarnos con
el cuerpo, la
cabeza y el
corazón... Pero
hay que aclarar
que lo
importante no es
el marchar en
sí; lo
importante es
que al marchar,
al movilizarnos,
le estamos
diciendo al
mundo: “nosotros
y nosotras
sentimos un odio
intransigente a
la injusticia
humana”. Se lo
decimos a los
Ibarras, a los
Chabanes, a los
Rafaeles Levy, a
toda la policía
corrupta, y a
todo aquél que
entienda que la
plata es más
importante que
la vida, y a
todo aquél que
crea que el
lucro económico
es más valioso
que la
existencia de
quien fuera que
sea.
El promedio de
edad de los 194
chicos que
murieron en
Cromagnón es de
22 años. Me
pregunto, ¿qué
clase de futuro
prometido
podemos
construir en un
país que mata
sistemáticamente
a su juventud?
Porque a la luz
de los hechos,
queda chico
hablar de la
sociedad
argentina -y del
Estado- en
términos de que
no cuida a sus
jóvenes: se
trata de una
sociedad y un
Estado que los
manda
directamente a
matar, que desde
las esferas del
poder planifica
su muerte, tanto
por acción como
por omisión. Y
el Estado es
partícipe
necesario de
todas las
muertes jóvenes
que serán
denunciadas a
continuación:
el
43,23%
-aproximadamente-
de las personas
detenidas y
desaparecidas
por la última
dictadura
militar tenían
entre 16 y 25
años, según
CONADEP;
de
los pibes
mandados a morir
en la nefasta
Guerra de
Malvinas, el
promedio de edad
era de 19 años;
de
los 2.826
muertos por
acción policial
(casos de
gatillo fácil y
torturas de
muerte) que
contabiliza
CORREPI, más de
la mitad
corresponde a la
franja de
“varones pobres
de menos de 25
años”, y uno de
cada tres, ni
siquiera llegaba
a los 21 años;
40
chicos mueren
mensualmente en
el Conurbano
Bonaerense por
causas
relacionadas con
el consumo de
paco, aseguró
Alicia Romero
integrante de la
Asociación
Madres contra el
Paco;
la
Campaña que
denuncia “El
Hambre es un
Crimen” nos dice
que los niños se
nos mueren de
hambre por
decenas cada
amanecer, y ya
se ha dicho que
el hambre de los
pibes y las
pibas también es
un crimen
organizado,
planificado por
acción u omisión
desde las
esferas del
poder político y
civil.
Por todo esto,
marchar este 30
de diciembre es
salir a la calle
a gritarle a la
brisa
crepuscular
argentina que
“no queremos más
muertes jóvenes”
y que “queremos
un futuro sin
Cromañones”.
Porque cada una
de esas
situaciones en
las que se
mueren jóvenes
da cuenta de que
seguimos siendo
Argentina
República
Cromañón.
Y como si todo
lo hasta aquí
dicho fuera
poco, permítanme
formular una
proposición que
vengo
reflexionando:
el asesinato, la
muerte evitable,
se trata de la
negación
objetiva y
directa de la
posibilidad de
Ser de un
individuo; y, la
pobreza, la
marginalidad
(por supuesto
evitable), se
trata de la
negación
subjetiva e
indirecta de la
posibilidad de
Ser de un
individuo en
nuestras
sociedades. La
exclusión social
y la precariedad
estructural que
vienen
padeciendo
millones de
argentinos y
argentinas desde
hace décadas, es
decir, el vivir
en los márgenes
de la sociedad,
de la cultura,
del trabajo y de
la política, ha
creado en la
juventud una
profunda
dificultad para
proyectar sus
vidas (armar un
proyecto de
vida) hacia un
futuro mejor,
porque las
condiciones
concretas en las
que se crece dan
cuenta de que
ese futuro, muy
posiblemente, va
a ser peor. De
manera tal que
la droga y la
delincuencia son
la opción más
viable para una
vida que a partr
de ello cobra
sentido. Planteo
tal preámbulo
sobre qué
implica ser
joven pobre hoy
para denunciar
lo que nos dice
Néstor Sappietro
(en una nota
publicada en la
Agencia de
Noticias Pelota
de Trapo) y que
no todos dicen:
En Argentina,
“la mitad de los
menores de 18
años vive bajo
la línea de la
pobreza”.
No nos queda más
remedio que
rompernos el
upite para
acabar de una
vez y para
siempre con lo
capitalista,
aquello que
despliega por
doquier muertes
jóvenes para
reproducir la
hegemonía, el
poder de los
individuos que
gozan de las
potencialidades
(asesinas) de
este orden
social, político
y económico que
es, en sí,
hostil.
Urge la
necesidad de que
la vida sea un
pétalo violáceo
y fresco, para
lo cual,
necesariamente,
deberán darse
cambios
marcroestructurales
-políticos,
económicos,
sociales,
culturales- que,
obviamente, no
se darán sin la
lucha de todos y
todas. Porque no
hay que perder
de vista que
vivimos en
tiempos de una
profunda crisis
de civilización.
En este sentido,
hay un aspecto
de todo
entramado social
que necesitará
ser
transformado: la
dimensión ética
de la vida. La
Revolución -ese
sueño eterno,
como escribiera
Andrés Rivera-
deberá ser,
también,
Revolución
Ética. Sólo así
el odio
intransigente a
la injusticia
pasará a ser un
valor humano
incorruptible. Y
el amor
-llamemos a las
cosas por su
nombre- será
aquello que guíe
rigurosamente
todas nuestras
relaciones
humanas (y
relación social
será sinónimo de
fraternidad
según la Real
Academia
Española).
Y debemos
participar todos
y todas de esta
nueva
construcción...
porque es
necesario nunca
olvidar la
máxima martiana
según la cual
“en la mejilla
ha de sentir
todo hombre
verdadero el
golpe que reciba
cualquier
mejilla de
hombre”.
Cromañón nos
pasó a todos.
Nunca más
Cromañón:
queremos memoria
y justicia por
nuestros pibes,
y que no se
repita.
Hagámoslo por
los que no
están, por los
que sí están, y
por los que
vendrán.
Los chicos de
Cromañón
PRESENTES, AHORA
Y SIEMPRE.
Los indignados
marcharemos...
30 de diciembre/
18 hs /Plaza de
Mayo/ Misa y
Marcha de Plaza
de Mayo a Plaza
Once.
Con unidad y
organizados, con
el puño cerrado
y el ceño
fruncido, con el
corazón tierno y
la rabia
justa...
venceremos a los
que imponen el
egoísmo como
verdad única.
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